El estudio, dirigido por el científico Boris Worm, del Departamento de Biología de la Universidad Dalhousie de Canadá, es la primera evaluación integral del estado del ecosistema de los océanos a nivel mundial. La investigación revela que con el declive de la diversidad marina aumentó la desaparición de recursos y disminuyó de manera exponencial el potencial de recuperación, la estabilidad y la calidad de agua.
De mantenerse la tendencia actual, casi todas las especies de peces y de crustáceos para consumo humano habrán desaparecido de los océanos antes de 2050, concluyeron los investigadores, quienes durante cuatro años analizaron los datos de 32 experimentos, revisaron los estudios de observación de 48 áreas marinas protegidas, así como los montos de capturas globales de peces e invertebrados entre 1950 y 2003 recogidos por la Organización para la Agricultura y la Alimentación de la ONU (FAO).
“Nuestros análisis indican que, sin un cambio, la situación actual hace presagiar serias amenazas a la seguridad alimentaria mundial, la calidad de las aguas costeras y la estabilidad del ecosistema que afectarán a las generaciones actuales y futuras. Lo que se observa en los resultados de experimentos en laboratorios o en los estudios de los océanos es que la productividad y la estabilidad de todo el ecosistema marino disminuyen”, explicó Boris Worm.
“La pérdida de diversidad marina está impidiendo cada vez más la capacidad de los océanos para proporcionar comida, mantener la calidad del agua y recuperarse de perturbaciones. Aún así, los datos disponibles sugieren que, de momento, estas tendencias son reversibles”, afirmó Heike Lotze, investigadora de la Universidad de Dalhouise y otra de los autores del informe
Poco tiempo para actuar
La humanidad no tiene demasiado tiempo para reaccionar. Según el estudio, todas las especies marinas salvajes que se pescan hoy día colapsarán (término que significa la desaparición del 90 por ciento de ejemplares) para 2050, si no se hace nada para evitarlo.
Esta exhaustiva investigación, la más amplia hasta ahora sobre el tema y realizada durante cuatro años, revela también que la desaparición de una única especie acelera el desajuste del conjunto del ecosistema. A la inversa, toda especie que recupera su tasa normal de reproducción contribuye a la salud y a la estabilidad de los océanos, así como a su capacidad de absorber impactos como la contaminación y el calentamiento global.
Para este estudio, los investigadores sintetizaron todos los datos sobre mil años de historia marina, los provenientes de estudios en 48 zonas marinas protegidas y de estadísticas mundiales sobre la pesca de 1950 a 2003.
“Todos estos datos muestran también que es posible invertir las tendencias actuales antes que sea demasiado tarde", estimaron los investigadores, deplorando sin embargo “que sólo el 1% de los océanos está protegido actualmente”.







