Huele a carameloJesús Bustindui
jbustindui@gmail.com E s un intento válido el que pone TVes en pantalla. Quizá pecan de audacia al colocarla a las 9, cuando mejor estrategia sería a las 8 pm para competir con El gato tuerto, pero tampoco es cuestión de tenerle miedo al Arroz con leche. Total, van de dulce a dulce.
La idea del autor Carlos Pérez de elevar la autoestima de la raza negra es loable, pero eso nos demuestra que hay racismo solapado. Por qué, por ejemplo, la muchacha morena no es la rica y el muchacho blanco el pobre, acaso no hay afrodescendientes adinerados y blancos pidiendo en la calle.
Eso suena a complejo. Micaela, una joven inteligente que acaba de graduarse, lucha a brazo partido con su pelo chicha y se amarga cuando se ve al espejo, lo quiere tener liso, se lo cubre con pañuelos amarillos o de otros colores, a lo Piedad, y se mete de cabeza en la peluquería para desrizárselo con técnicas novedosas. Y claro, su rival es una rubia. Eso supuestamente está hecho con humor, pero no nos hace ninguna gracia.
Pérez se caracteriza por el costumbrismo y encontramos todos los esteriotipos, como el bloque (muy aseado en la planta baja, como debe ser), la mujer que le habla al santo, la bruja y el muerto que se le aparece, la abundante salsa, tomas de las autopistas y los motorizados, etc. Y, por supuesto, hay un peluquero gay. No es muy creíble que cuando el galán le habla a la modelo rubia de cartón, quien escucha es la morena. Los protagonistas Micaela y Moncho se conocen en la forma más manoseada del mundo: cayendo él sobre ella. Buenas las escenas de playa, pero faltó el filtro azul para dar la noche perfecta. También hay defectos de continuidad (script).
A pesar de esto, producción está a la altura de cualquier canal. La pareja de Brenda Hanst y Giancarlo Pasqualotto tiene poco feeling, al menos en las primeras de cambio.
Ella tiene madera y él debe apretar con sus libretos y, sobre todo, con la gestual. Hay buenas actuaciones por parte de Malena Alvarado, Gisvel Ascanio, Carmen Francia y Luis Malavé. Los conocidos César Bencid y José Ángel Ávila podrían sacar a relucir sus años en la TV. Lo mismo vale para Ana María Pagliacci. Mención especial para el joven Jorge Segura, muy bien en el característico hermano de Micaela. La modelo rubia necesita urgentes clases de concentración.
No sabemos por qué motivo, pero el primer viernes hicieron un recuento (?). La estrategia para "enganchar" es repetir los capítulos en otro horario, en la tarde, por ejemplo, para buscar otro público. Para los que no lo crean, la prueba de que en Venezuela hay racismo es esta telenovela.