Los resultados muestran que el riesgo de ser picado por el mosquito Anopheles darlingi, vector de la malaria, es trescientas veces mayor en zonas deforestadas en zonas poco alteradas. En el distrito de Loreto, en Perú, los casos de malaria pasaron de seiscientos en 1992 a 120 mil en 1997. El aumento de población en el distrito trajo como consecuencia un aumento en los niveles de deforestación.
Si bien la población del distrito ha aumentado, el aumento no es proporcional al de casos de malaria. Además los autores del estudio también hicieron relevamientos en otras poblaciones y concluyeron que la densidad de población no aumenta el número de picaduras.
Este estudio es una prueba más de que la alteración del ambiente natural trae consecuencias en la salud humana, y de que la conservación de la naturaleza es una parte fundamental de la búsqueda de una mejora en la calidad de vida.


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