Esquilo (poeta trágico griego)
La actualidad venezolana es de inseguridad y violencia, una sociedad desprotegida y al mismo tiempo violenta como lo podemos sentir a diario por las noticias que nos llegan a través de los medios impresos, la televisión y la radio. El desánimo y la impotencia se apoderan permanentemente de millones de seres que batallan diariamente con angustia.
Percibimos o intuimos, que las autoridades con la misión de asegurar la vida y bienes de los venezolanos parecieran ajenas a lo que ocurre y sucede a todos los habitantes que no gozan del privilegio de los anillos de seguridad.
Pudimos leer ayer, con profundo pesar y horror, como un matón de los tantos que pululan, a bordo del transporte colectivo, segó la vida de una señora e igualmente acabó con la del conductor de la unidad mencionada.
El crimen está desatado, los violentos tienen acosada a la población honesta y hacen de las suyas ante la indiferencia de las autoridades cuya misión es velar por la seguridad de los habitantes de este país.
Nos preguntamos dónde están, qué hacen y qué se hacen, los miles de agentes policiales de diferentes organismos de seguridad del Estado que brillan por su ausencia, pareciera, bien inadvertida o sagazmente, como una especie de complicidad involuntaria producto de la incuria.
Lamentablemente, y así tenemos que reconocerlo, el malandro, el hampón, está ganando esa diaria lucha entre el transgresor y la sociedad honesta del país, acosada y atemorizada ante los niveles de violencia que se sufre a diario en esta Venezuela, hasta hace unos años llamada la sucursal del cielo.
Los sucesos, las llamadas páginas rojas de los medios de comunicación impresos, desbordan tinta del mismo color por las sangre que violenta e inútilmente corre a diario por todo el país.
Las autoridades nacionales y regionales, que han informado de planes de seguridad como productos a granel, no se cumplen o no han podido contrarrestar la acción vandálida de malandros y asesinos. Sin excepción, han fracasado.
Todos somos víctimas, pero la mayoría proviene de aquellos estratos de la sociedad que habitan en barriadas, o en cerros que conforman el cinturón de miseria de la Gran Caracas.
Con el delincuente, el matón desalmado, el malandro, es menester usar mano dura, puño de hierro, sin pausa, para así garantizarle seguridad y sosiego a la gente honesta y trabajadora.











