tiene 13 años y desde que tenía siete padece de cáncer. Luisito ha enfrentado la enfermedad con entereza y, pese a que el sólo piensa en seguir adelante para darle a otros, en especial a aquellos pequeños que sufren el mal que él lleva a cuestas, el apoyo que necesitan. Con ese fin, y con la ayuda de sus padres, creó una fundación. El pequeño Luis Useche hace manualidades junto a su madre para costear gastos del tumor cerebral que tiene desde hace seis años.
Luisito es un niño de 13 años de edad, que le gusta ver televisión, escuchar música, ir a la playa y tener amigos. Lo que tal vez lo diferencia de otros jovencitos y hasta de muchos adultos, es su amor por la vida, la valentía y entereza con que enfrenta situaciones adversas, y su pasión por ayudar a los demás.
Desde hace dos años, Luisito, cuyo nombre completo es Luis Useche, tiene como residencia la habitación número 6, del tercer piso del área de Oncología del Hospital de Niños Rafael Tobías Guevara, en Barcelona. Aunque su ir y venir a los centros de salud data de mucho más tiempo.
Una gran sonrisa y unos ojos despiertos que irradian vitalidad, le hacen olvidar por instantes al que lo conoce, que el niño tiene un tumor cerebral desde hace seis años, y que hace dos el cáncer se extendió a su columna vertebral y lo dejó incapacitado para caminar. Sin embargo, para lo que no está incapacitado es para seguir soñando.
“Hace un año les pedí a mis papás que me ayudaran a hacer algo por los demás niños que padecen lo mismo que yo. Entonces creamos una pequeña fundación que se llama Ángeles de la Vida. Aunque no hemos podido hacer mucho, en Navidad recogimos dinero con una rifa y les dimos regalos a cuatro amigos que conocí en el hospital. Sueño con seguir haciéndolo y poder dar mucho más”.
El pequeño tiene el apoyo de sus padres, Luisa y Argenis, y su hermana Andri, que a diario lo acompañan a enfrentar su enfermedad.
Luisa contó que su muchachito siempre ha mostrado interés por el prójimo, pero que la familia es de escasos recursos económicos y por eso no ha podido cumplir gran parte de los deseos de Luisito, en su afán de ayudar a los demás.
Trabajo admirable
Consciente de las necesidades económicas de su hogar, el jovencito ayuda a su madre a realizar trabajos manuales para venderlos a las enfermeras, pacientes y visitantes del hospital, y así obtener un dinero extra.
“Entre todos hacemos collares, pulseras, tirantes de todos los colores y quedan muy bonitos”, indicó Luisito, al tiempo que sacaba de una bolsa los accesorios y mostraba cuáles habían sido hechos por él.
La señora Luisa explicó que desde que su hijo recayó con la enfermedad, ella casi no va a su casa y sólo se ayudan con la venta de la bisutería y de lo que hace su esposo como chofer de una línea de taxis.
Refirió que Luisito estuvo dos años y medio de alta, luego de pasar 18 meses controlándose el tumor cerebral. “Costear los gastos de un enfermo es duro”.
La madre también estuvo enferma. Durante el tiempo que su hijo estaba en casa, ella sufrió un accidente cerebro vascular que le paralizó parte del cuerpo. Luisito siempre fue su apoyo.
“Yo le decía a mi mami que se levantara, que no se quejara, que se iba a recuperar. Le daba ánimos, pues sé lo que es estar enfermo”, contó el pequeño, mientras su madre escuchaba atenta y trataba de controlar las lágrimas. “Él es mi ángel”, afirmó la mujer.
Positivismo
Andri expresó que su hermano Luisito es admirable, porque enfrenta su padecimiento con serenidad.
“Él nunca se queja. Nunca se lamenta de su suerte ni de lo que le está pasando. Ahorita casi no come, porque por la quimioterapia vomita todo lo que ingiere. Esta enfermedad es impredecible y así como una semana puede estar muy grave, la otra no. En cuanto mejora, vuelve su alegría”.
Comentó Andri que la única preocupación de Luisito es tener que darles tanto trabajo y tristeza a sus padres. “A él no le importan sus dolores físicos”.
Como ejemplo citó que hace algunos meses su hermanito se estaba quedando sordo y no decía nada. Se dieron cuenta de eso porque pedía que le repitieran lo que decían al final de cada conversación.
Debido al fuerte tratamiento de quimioterapia, Luisito perdió la audición completa del oído derecho y sólo escucha un 28% por el izquierdo.
Sin embargo, cuando se le pregunta si es muy duro el tratamiento, Luisito sólo responde que es rápido.
“Todas las mañanas, a las 8:30, bajo a hacerme la quimio y luego me envían de nuevo a la habitación. Lo incómodo es cuando me ponen la aguja porque ya no hay espacio”, dijo y mostró sus brazos y piernas llenos de hematomas, por las cientos de punzadas que ha recibido.
-Luisito, ¿qué quieres para ti? ¿Qué deseas hacer?
Bueno… quiero seguir estudiando, trabajar y hacer un curso de masa flexible. Hace poco me regalaron un cuatro y un órgano y me gustaría aprender a tocarlos. También el violín. Pero ya he hecho cursos. Cuando estaba en casa hice uno de computación, no lo terminé, pero pronto lo haré.







