Imagínense que si a Bush se le ocurriera viajar a la Florida de vacaciones y emite una burrada como la de Chávez sobre una construcción cualquiera de Miami, de inmediato todo el mundo lo mandaría a revisarse con un psiquiatra, ya que el problema de Bush es la guerra de Irak, el déficit fiscal, etc., pero en cuanto si un edificio tiene cuatro pisos o dos pisos, o si ya hay muchos en esa cuadra, en eso es tan de afuera como puede serlo cualquier otro visitante. La competencia de Chávez de acuerdo a la constitución no es jerárquica sobre la alcaldía, es diferente, y a el le sale respetar las instituciones primerito que a los demás.
Mientras el país se prepara a volver a votar y a derrotar a este gigantesco payaso de presidente, como no lo ha habido, hay que preguntarse si no tiene asesores, si no pregunta la opinión de nadie, si el se levanta una mañana con una pesadilla particular y decide, ese minuto, como Nerón, quemar Roma para hacer lugar para sus palacios, etc. Estamos en grave peligro como nación por la forma apresurada e impulsiva que se toman las decisiones, y la verdad es que el país tiene diez años a la deriva, sin un equipo de gobierno profesional, donde se le de entrada a los que saben de su tema, y se les escuche.
Es sintomática la baja calidad del entorno presidencial: los que saben no tienen cargos, y los que tienen cargos no tienen mayor experiencia o pocas luces. Mientras tanto no se aportan ideas concretas para solucionar o mejorar ni uno solo de los problemas del país. Podría decirse que la era Chávez se resume en tres palabras: “El gobierno estorba”. Solo un gran país como Venezuela ha podido sobrevivir a esta etapa oscura donde el presidente es un elefante en una cristalería, porque los recursos y la imaginación de sus habitantes son superiores a la capacidad de daño de los gobernantes. Pero nadie se llame a engaño: lo que parecía ineptitud pura y simple hace años, era exactamente eso. Lo que parecía culto a la personalidad hace años, era solo eso, nunca nos equivocamos.
La reelección de Nerón será derrotada en forma abrumadora, pero llamemos las cosas por su nombre: es un fraude a la constitución, como lo es este episodio del Sambil. La burrada de Chávez es tan de bulto como si mañana dijera que la medicina debe cambiar de basada en la ciencia a fundada sobre el Yin y el Yan, porque los chinos se lo recomendaron, y su ministro de Sanidad sale diciendo que si es verdad, y la ciencia occidental está equivocada. No se rían, por favor, es capaz de eso y más.
Después de los gallineros verticales, cualquier cosa es posible, hasta que le “ordene” a PDVSA que saque el petróleo con pipotes para darle trabajo a los valientes socialistas y le de instrucciones inapelables de no usar tubos y bombas por ser hechos con “tecnología imperial”. ¿Qué diferencia hay entre estas bromas y lo del Sambil? El señor Chávez ignora su lugar en el mundo, que es solamente el que le asigna la constitución. Fuera de la constitución su lugar es simplemente como el de otro ciudadano, si puede le sale llamar en privado al Alcalde y plantearle su inquietud sobre el edificio en cuestión. Pero como Jorge Rodríguez no tiene un votico, sino que su papá el líder lo puso en el cargo, el verdadero Alcalde del municipio Libertador es Chávez, con lo que el resultado es que Caracas no tiene Alcalde ni Venezuela tiene presidente. ¿Y este señor es el que pide por su reelección?
Sé que estamos en Navidad, y es común desearle a la gente un Feliz Navidad, pero yo me voy a dejar de hipocresías y le voy desear una Infeliz Navidad al tirano que tiene tantas familias de presos políticos pasando mal, tanta humillación que le ha caído a gente buena, de trabajo, patriotas. Así que espero que el señor arregle este asunto de la forma que dicen en mi pueblo: “Dios castiga y no muestra la mano”. Hace dos mil y ocho años nació un Mesías, el verdadero, y ahora tenemos otro, falso, ocupando el cargo pero sin ejercerlo, porque Chávez es como un falso profeta que en vez de cambiar el agua en vino, transforma el vino en aguas negras.








