Las autoridades le reprocharon a la madre que no le haya puesto un freno a su hijo. El nene tiene hoy un peso tres veces mayor al que debería tener para su edad. Cada día devora cuatro paquetes de papas fritas, varias tabletas de chocolate, galletas y golosinas.
Faltó varias semanas a la escuela porque las pequeñas caminatas lo dejan sin aire. Ya quebró cinco bicicletas, cuatro camas y ahora duerme en el piso.
Al tener en cuenta que la obesidad implica un riesgo de infarto o de diabetes tipo 2, las autoridades del servicio social local decidieron reunir a especialistas para evaluar el caso. Incluso llegaron a decir que Connor McCreaddie podría estar dentro del registro de menores protegidos, como se hace con las víctimas de abuso físico y sexual.
Ayer, el chico y su madre, Nicola McKeown, de 35 años, tuvieron una reunión con las asistentes sociales. El comité local de protección de los niños comunicó que hicieron un acuerdo formal "para salvaguardar y promover el bienestar de los chicos".
La madre está desempleada y aseguró que ella no tenía la culpa del sobrepeso de su hijo y que si se lo quitan, se moriría. Cuando era bebé "siempre estaba con hambre y lloraba y lloraba", contó. El nene usaba ropa para niños de 5 años cuando tenía sólo 18 meses. A los 5, ya pesaba 57 kilos.
"Es difícil revertir la situación de un chico obeso a los 8 años. Pero la solución no puede ser aislarlo de su familia. Por el contrario, toda la familia necesita encarar lo antes posible un tratamiento e incorporar hábitos saludables", opinó Valeria Hirschler, especialista del Servicio de Nutrición del Hospital Durand.














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